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Los sistemas agroforestales combinan la agricultura con la silvicultura, favorecen la biodiversidad y protegen frente a la erosión del suelo y del viento. Un microclima especialmente favorable y las raíces de los árboles mejoran la estructura del suelo, retienen la humedad y los nutrientes y protegen así las aguas subterráneas y superficiales. Hasta el inicio de la «revolución verde» agrícola (aproximadamente desde 1960), estos sistemas estaban mucho más extendidos. En aquel momento, las hileras de árboles y los setos resultaban más bien un estorbo para el uso de maquinaria agrícola grande en parcelas extensas, aunque aumentan la productividad y la estabilidad de los sistemas de cultivo.

Múltiples opciones de diseño para concentrar sistemas agroforestales y ganar biodiversidad

Además de su gran potencial de reducción de gases de efecto invernadero, los sistemas agroforestales aportan otras ventajas en cuanto a conservación y regeneración del suelo, aumento de la biodiversidad y de la resiliencia y, con ello, seguridad de cosecha frente a la crisis climática. Estos sistemas se caracterizan también por su heterogeneidad, derivada de la gran diversidad en el diseño de cada sistema agroforestal. Solo en la elección de las especies leñosas, por ejemplo, cabe distinguir entre madera para fruta, para energía o para mueble. Ahora bien, gestionar estos sistemas complejos de forma sostenible y económicamente exitosa exige un nivel de planificación y de manejo más alto.

Los sistemas agroforestales ofrecen posibilidades resilientes que conservan e incluso construyen suelo. Además, si el sistema se diseña de forma dirigida, por ejemplo con chopo como madera energética de crecimiento rápido, es posible lograr una elevada contribución a la protección del clima, tanto por la captura de CO2 de la atmósfera como por el ahorro que supone su combustión en procesos posteriores frente al petróleo o el gas, además de numerosos beneficios adicionales para el ecosistema. Pero este es solo un ejemplo entre muchos: también pueden integrarse arbustos productivos y frutales para generar ingresos, junto a los efectos de mejora de la biodiversidad que aporta una gestión (sostenible) de la superficie cultivable.

Las tecnologías modernas como acompañantes y apoyo de una agricultura sostenible

Para aumentar el atractivo de los métodos de cultivo ecológicamente sostenibles y respetuosos con el suelo, y para facilitar la aceleración de la normativa mediante evidencia científica sobre la eficiencia de estos sistemas, hacen falta tecnologías, máquinas y equipos modernos, capaces por ejemplo de trabajar y navegar de forma autónoma, y en especial en terreno irregular entre y bajo los árboles. Además, los sistemas agroforestales requieren conocimientos de cultivo, una comprensión amplia de los ecosistemas y un seguimiento y mantenimiento manuales del sistema.